13 de mayo de 2013

The curious incident of the dog in the night-time



«And Father said, ‘I love you very much, Christopher. Don’t ever forget that. And I know I lose my rag occasionally. I know I get angry. I know I shout. And I know I shouldn’t. But I only do it because I don’t want to see you getting into trouble, because I don’t want you to get hurt. Do you understand?’

I didn’t know whether I understood. So I said, ‘I don’t know.’

And Father said, ‘Christopher, do you understand that I love you?’

And I said, ‘Yes’, because loving someone is helping them when they get into trouble, and looking after them, and telling them the truth, and Father looks after me when I get into trouble, like coming to the police station, and he looks after me by cooking meals for me, and he always tells me the truth, which means that he loves me.»

Mark Haddon
The curious incident of the dog in the night-time

9 de mayo de 2013

El baile



«A veces odiaba tanto a las personas mayores que querría matarlas, desfigurarla, o bien gritar: “Sí, me molestas”, golpeando el suelo con el pie; pero temía a sus padres desde muy niña. En otro tiempo, cuando Antoinette era más pequeña, su madre la sentaba a menudo sobre las rodillas, la apretaba contra su pecho, la acariciaba y abrazaba. Pero eso Antoinette lo había olvidado. En cambio, en lo más profundo de su ser conservaba el sonido, los estallidos de una voz irritada pasando por encima de su cabeza, “esta niña que está siempre encima de mí”, “¡otra vez me has manchado el vestido con los zapatos sucios!, ¡al rincón, así aprenderás, ¿me has oído?, pequeña imbécil!”. Y un día… por primera vez, un día había deseado morir. Ocurrió en una esquina, en medio de una regañina; una frase encolerizada, gritada con tal fuera que los viandantes habían vuelto la cabeza: “¿Quieres que te dé un guantazo? ¿Sí?”, y la quemazón de una bofetada. En plena calle. Tenía once años y era alta para su edad. Los viandantes, las personas mayores, eso no significaba nada. Pero en aquel instante unos chicos salían del colegio y se había reído de ella al verla.»

Irène Némirovsky
El baile

8 de mayo de 2013

Hablaba con las bestias, los peces y los pájaros



«Las frases que en cualquier otra vivienda podrían ser: “El pájaro se ha escapado de la jaula, ¡cierra aprisa la ventana!”, en la nuestra era: “¡Por Dios, cierra la ventana, que la cacatúa –o el cuervo, el maki, el capuchino— quiere entrar!”. La aplicación más genial del “efecto inverso de las alambradas” fue experimentada por mi esposa cuando nuestro hijo mayor era todavía muy pequeño. Precisamente entonces teníamos algunos animales grandes, que podrían ser peligrosos: cuervos, dos grandes cacatúas de moño amarillo, dos makis mongoz y un mono capuchino, a los que –en especial a los cuervos- no era prudente dejar solos con el niño. Como solución más práctica, mi mujer improvisó una gran jaula en el jardín y metió en ella… el cochecito de nuestro hijo.»

Konrad Lorenz
Hablaba con las bestias, los peces y los pájaros

7 de mayo de 2013

El amor en los tiempos del cólera



«Estaba contra toda razón científica que dos personas apenas conocidas, sin parentesco alguno entre sí, con caracteres distintos, con culturas distintas, y hasta con sexos distintos, se vieran comprometidas de golpe a vivir juntas, a dormir en la misma cama, a compartir dos destino que tal estuvieran determinados en sentidos divergentes. Decía: “El problema del matrimonio es que se acaba todas las noches después de hacer el amor, y hay que volver a construirlo todas las mañanas antes del desayuno”.»

Gabriel García Márquez
El amor en los tiempos del cólera

6 de mayo de 2013

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I was the slightest in the House –
I took the smallest Room –
At night, my little Lamp, and Book –
And one Geranium –

So stationed I could catch the Mint
That never ceased to fall –
And just my Basket –
Let me think – I’m sure –
That this was all –

I never spoke – unless addressed –
And then, ‘twas brief and low –
I could not bear to live – aloud –
The Racket shamed me so –

And if it had not been so far –
And any one I knew
Were going – I had often thought
How noteless – I could die –

Emily Dickinson

Ilustracción: Kike de la Rubia. 

3 de mayo de 2013

Tres sombreros de copa


“DIONISIO – Yo estoy borracho… Yo no quiero beber… Mi cabeza zumba… Todo da vueltas a mi alrededor… ¡Pero soy feliz! ¡Yo nunca he sido tan feliz! Yo soy el caballo blanco del gran Circo Principal! (Se levanta y da unos pasos haciendo el caballo.) Pero mañana… mañana. (De pronto, fijándose en BUBY.) ¿Tú tienes algo interesante que hacer mañana…? Yo, sí… ¡Yo voy a una fiesta! ¡A una gran fiesta con flores, con música, con niñas vestidas de blanco…, con viejas vestidas de negro…! Con monaguillos…, con muchos monaguillos… ¡Con un millón de monaguillos! (Debajo de la cama suena una voz de hombre, que canta “Marcial, tú eres el más grande…” DIONISIO se agacha, levanta la colcha y dice, mirando debajo de la cama.) ¡Caballero, haga el favor de salir de ahí! (Y EL ALEGRE EXPLORADOR sale, muy serio, con una botella en la mano, y se va por la lateral izquierda.) Y luego, un tren… Y un beso… Y una lágrima de felicidad… ¡Y un hogar! ¡Y un gato! ¡Y un niño…! Y luego, otro gato… Y otro niño… ¡Y un niño…! Y otro niño… ¡Yo no quiero emborracharme…! ¡Yo la quiero…! (Se para frente al armario. Escucha. Lo abre y les dice a TRUDY y a EL ROMÁNTICO ENAMORADO, que están dentro haciéndose el amor.) ¡Hagan el favor de salir de ahí! (Y la pareja de enamorados salen cogidos del brazo y se van, muy amartelados, por la izquierda, deshojando una margarita.) ¡Yo necesito saber por qué hay tanta gente en mi habitación! ¡Yo quiero que me digan por qué está este señor negro acostado en mi cama! ¡Yo no sé por qué ha entrado el negro aquí ni por qué ha entrado la mujer barbuda…!”.
 
Miguel Mihura
Tres sombreros de copa

2 de mayo de 2013

Don Juan o El festín de piedra

«DON JUAN.—En cuanto a mí, la belleza me seduce en todos los sitios en donde la encuentro, y cedo fácilmente a esa dulce violencia con que nos atrae. Por muy atado que esté, el amor que siento por una hermosa no obliga a mi alma a ser injusto con las otras. Conservo ojos para ver los méritos de todas, y rindo a cada una de ellas el culto y los tributos a que nos obliga la naturaleza. Sea lo que sea, no puedo negar mi corazón a todo lo que veo digno de ser amado; y en cuanto me lo pide un lindo rostro, diez mil que tuviera, todos se los daría. Las pasiones nacientes, después de todo, tienen encantos inexplicables, y todo el placer del amor consiste en el cambio. Saboreamos un dulzor extremado cuando conquistamos, a fuerza de galanteos, el corazón de una joven beldad, cuando vemos los pequeños progresos que vamos haciendo en él día tras día, cuando vencemos, a fuerza de arrebatos de pasión, de lágrimas y de suspiros, el inocente pudor de un alma que se resiste a deponer las armas, cuando avanzamos palmo a palmo, derribando todas las pequeñas resistencias que opone, cuando vencemos los escrúpulos en los que se escuda, llevándola poco a poco al terreno al que queremos llevarla. Pero cuando ha sido nuestra una vez ya no hay nada que decir; todo lo hermoso de la pasión ha terminado, y nos adormecemos en la tranquilidad de ese amor hasta que una nueva beldad viene a despertar nuestros deseos presentando a nuestro corazón los atractivos encantos de una nueva conquista. En fin, no hay nada más dulce que vencer la resistencia de una bella criatura; y tengo, en esta cuestión, la ambición de los conquistadores que vuelan perpetuamente de victoria en victoria, y no se resignan a limitar sus deseos. Nada hay que pueda detener la impetuosidad de los míos; me siento con un corazón capaz de amar a toda la tierra y, como Alejandro, desearía que hubiese otros mundos para poder extender a ellos mis conquistas amatorias.»

Molière
Don Juan o El festín de piedra

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