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29 de octubre de 2021

[CANCIÓN DE AMOR DE J. ALFRED PRUFROCK, CONTINUACIÓN]

¡La tarde, la velada, duerme tan apaciblemente!
Consolada por dedos largos;
Dormida… cansada… o fingiéndose enferma,
Tendida sobre el suelo, aquí, entre tú y yo.
Tras tantas pastas y helados, ¿tendría yo
Valor para precipitar la crisis de esta situación?
Pero aunque haya llorado y ayunado, haya llorado y rezado,
Aunque haya visto traer mi cabeza (con su calva incipiente) en una bandeja,
No soy profeta —lo cual no importa nada;
He visto cómo temblaba el momento de mi grandeza,
He visto al eterno LACAYO ofrecerme el abrigo y disimular una risa—;
En pocas palabras: tuve miedo.
 
Acaso hubiera merecido la pena, después de todo,
Después de las tazas, la mermelada, el té,
Entre la porcelana, entre conversaciones sobre ti y sobre mí,
Hubiera merecido la pena
Haber dado un bocado mientras sonreía
Haber estrujado el universo hasta convertirlo en una bola
Hacerlo rodar hasta llegar a alguna pregunta abrumadora.
Decir: «Soy Lázaro, he resucitado de entre los muertos,
He vuelto para contaros todo, os lo contaré todo»;
Si alguna, que colocase un cojín junto a la cabeza,
Dijera: «No, no es eso lo que quería decir, no.
No es eso, en absoluto.»
 
Hubiera merecido la pena, después de todo,
Hubiera merecido la pena
Después de las puestas de sol y los jardines junto a la puerta y las calles mojadas
Después de las novelas, después de las tazas de té, y las faldas que se arrastran por el suelo,
Todo esto y mucho más
¡Es imposible decir lo que quiero!
Quizá te sorprenderías y te sonreirías:
Pero, como si una linterna mágica proyectara las siluetas de los nervios sobre una pantalla,
Hubiera merecido la pena
Si alguna colocara un cojín o se quitara el chal
Y mirando hacia la ventana dijera: «No, no es esto, no;
No, no es esto lo que quería decir, en absoluto.»
 
¡No!, no soy Hamlet, ni es ésa la idea.
Soy un gentilhombre, bueno
Para hacer bulto en el cortejo, para abrir una escena o dos,
Para aconsejar al príncipe: más aún, un instrumento dócil;
Deferente, contento de ser útil,
Político, cauto y meticuloso,
Lleno de frases altisonantes, aunque algo obtuso;
A veces, incluso, parezco ridículo;
A punto estoy, a veces, de ser el bufón.
 
Envejezco… envejezco…
Llevaré pantalones con vuelta.
¿Me peinaré hacia atrás? ¿Y si me como un melocotón?
Llevaré unos pantalones blancos de franela, pasearé por la playa.
He oído cantar a las sirenas, una a otra.
 
No creo que canten para mí.
 
Las he visto surcar las olas y dirigirse a alta mar,
Peinando el blanco cabello de las olas que el viento despeina
Cuando el viento sopla sobre el agua blanca y negra.
 
Nos demoramos en las cámaras del mar
Junto a sirenas con guirnaldas de algas rojas y castañas,
Hasta que nos despierten voces humanas, y nos ahoguemos.
 
T. S. Eliot
Inventos de la liebre de marzo

Ilustración de Julian Peters.

7 de septiembre de 2020

CANCIÓN DE AMOR DE SAN SEBASTIÁN

Apareceré con mi hábito de estameña

Apareceré con la lámpara en medio de la noche

Me sentaré a los pies de tu escalera;

Me flagelaré hasta sangrar

Tras horas y horas de oración

Tortura y placer

Hasta que mi sangre rodee la lámpara

Y destelle a su luz;

Me levantaré y seré tu neófito

Y apagaré la luz

Para seguirte donde me guíes,

Para seguirte donde tus pies sean blancos

Hasta tu cama en la oscuridad

Donde esté tu manto blanco

Junto a tu manto el pelo trenzado.

Entonces me aceptarás

Porque yo era odioso a tus ojos

Me aceptarás sin avergonzarte

Porque yo estaría muerto

Y cuando llegara la mañana

Reclinaría la cabeza en tu pecho.

 

Llegaría con una toalla en la mano

Apoyaría tu cabeza entre mis rodillas;

Tus orejas tienen un curioso pliegue

Nadie en el mundo tiene un pliegue igual.

Cuando todo el mundo se derrita al sol,

Se derrita o se congele,

Recordaré ese pliegue de tus orejas.

Me demoraría un momento

Seguiría la curva con el dedo

Tu cabeza dejado de mis rodillas:

Creo que por fin lo comprenderías.

Ya no habría nada más que decir.

Me amarías porque yo te habría estrangulado

Y a causa de mi infamia;

Yo te amaría más porque te habría mutilado

Porque ya no serías hermoso

Para nadie excepto para mí.

 

T. S. Eliot

Inventos de la liebre de marzo

 

Imagen: San Sebastián, Guido Reni


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