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10 de noviembre de 2014

Hablaba con las bestias, los peces y los pájaros


«Pero si deseamos establecer una relación más personal, porque vivimos solos y gustamos de tener a alguien que se alegre de nuestro regreso al hogar y nos reciba, entonces nos procuraremos un perro. No creamos que sea cruel tener a uno de estos animales en una vivienda urbana. Su felicidad depende principalmente del tiempo que podamos pasar con él y de las veces que pueda acompañarnos en nuestros paseos o salidas. No le importará esperar horas delante de nuestro gabinete de trabajo, si al fin le llega la ansiada recompensa que supone para él el dar un paseo de diez minutos con nosotros. Para el perro todo se resume en la amistad personal. Pero conviene meditar bien antes la responsabilidad que nos alcanza, porque la amistad con un perro fiel es firme y dilatada. Abandonarlo equivale a darle la muerte. Y pensemos también, si somos muy sentimentales, que la duración de la vida de nuestro amigo es mucho más breve que la nuestra y que es inevitable una triste separación después de diez o catorce años.»

Konrad Lorenz

Hablaba con las bestias, los peces y los pájaros

8 de mayo de 2013

Hablaba con las bestias, los peces y los pájaros



«Las frases que en cualquier otra vivienda podrían ser: “El pájaro se ha escapado de la jaula, ¡cierra aprisa la ventana!”, en la nuestra era: “¡Por Dios, cierra la ventana, que la cacatúa –o el cuervo, el maki, el capuchino— quiere entrar!”. La aplicación más genial del “efecto inverso de las alambradas” fue experimentada por mi esposa cuando nuestro hijo mayor era todavía muy pequeño. Precisamente entonces teníamos algunos animales grandes, que podrían ser peligrosos: cuervos, dos grandes cacatúas de moño amarillo, dos makis mongoz y un mono capuchino, a los que –en especial a los cuervos- no era prudente dejar solos con el niño. Como solución más práctica, mi mujer improvisó una gran jaula en el jardín y metió en ella… el cochecito de nuestro hijo.»

Konrad Lorenz
Hablaba con las bestias, los peces y los pájaros

18 de marzo de 2012

Hablaba con las bestias, los peces y los pájaros


«Es curiosa la credulidad con que son recibidas las expresiones proverbiales, tanto las acertadas como los refranes que expresan algo notoriamente falso o equívoco: la zorra no es más astuta que otras fieras y es mucho más estúpida que el lobo o el perro. La paloma no es tan pacífica como se pregona. Y, respecto a los peces, la sabiduría popular sólo divulga mentiras. No son de “sangre fría” como se dice, ni viven tan felices y despreocupados como haría suponer la expresión “como pez en el agua”.

En realidad no hay otro grupo de animales que, incluso en plena Naturaleza, sufra tantas enfermedades contagiosas como los peces. Nunca he visto un ave, un lagarto o un mamífero que haya traído con él alguna enfermedad contagiosa a mi colección de animales; en cambio, es forzoso tener previamente a cada nuevo pez en un acuario de cuarentena. Si no se hace así, se puede apostar ciento contra uno a que en poco tiempo los temibles puntitos blancos, signo de la infección con los Ichthyphtirius parásitos, harán su aparición sobre las aletas de los más antiguos habitantes del acuario.

Y, contrariamente a la creencia popular respecto a la falta de ardor de los peces, ningún otro animal prodiga tanto los besos como algunas de sus especies.»


Konrad Lorenz
Hablaba con las bestias, los peces y los pájaros

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