22 de diciembre de 2020

Luz de agosto


«Han bastado una o dos preguntas para que Lena, sentada en el más alto escalón, con el abanico y el hatillo sobre sus rodillas, relate de nuevo su historia con la paciente y transparente recapitulación de niño que miente; y los hombres, con sus monos de trabajo, la escuchan tranquilamente, en cuclillas a su alrededor.
 
—Ese muchacho se llama Bunch —dice Varner—. Y hará como unos siete años que trabaja en el aserradero. ¿Cómo sabe usted que Bunch está también allí?
 
Ella mira hacia la carretera, en dirección a Jefferson. Su rostro está tranquilo, atento, un poco despegado, pero sin nada de ausente:
 
—Creo que estará allí, en ese aserradero. A Lucas le han gustado siempre el cambio y la novedad. Nunca le ha gustado una vida tranquila. Por eso no le convino nunca el aserradero de Doane. Por eso decidió… decidimos cambiar: por el dinero y por la novedad.
 
—Por el dinero y por la novedad —dijo Varner—. Lucas no es el primer mocoso que, por el dinero y por la novedad, ha dejado de hacer aquello para lo que había nacido y ha abandonado a los que dependían de que lo hiciese.
 
Pero, aparentemente, Lena no escuchaba. Sentada tranquilamente sobre el más alto escalón, mira aquel sitio en donde la carretera tuerce vacía y ascendente, hacia Jefferson. Los hombres, en cuclillas contra la pared, miran su rostro encalmado y plácido y piensan lo que Armstid pensaba y lo que Varner piensa: que sueña con un bribón que la ha dejado en apuros y a quien ellos saben muy bien que no volverá a ver jamás, a no ser, tal vez, los faldones de su chaqueta tensados por el viento de la carrera.»
 
William Faulkner
Luz de agosto

No hay comentarios:

Vistas de página en total

Con la tecnología de Blogger.
emerge © , All Rights Reserved. BLOG DESIGN BY Sadaf F K.