«Nueva York empezó a
gustarme por su chispeante y aventurera sensación nocturna, y por la
satisfacción que presta a la mirada humana su constante revoloteo de hombres,
mujeres y máquinas. Gustaba de pasear por la Quinta Avenida y elegir románticas
mujeres de entre la multitud; imaginar que dentro de breves minutos, irrumpiría
en su vida sin que nadie lo supiera ni lo desaprobara. A veces las seguía, con
el pensamiento, a sus pisos situados en esquinas de ocultas callejas, desde
donde se volvían, sonriéndome, antes de desaparecer en la cálida oscuridad. En
el encantador crepúsculo metropolitano, sentía a veces una obsesionante
soledad, y la sentía también en otros pobres empleadillos que pasaban el rato
frente a los escaparates, esperando la hora de una solitaria cena en un
restaurante; empleadillos ociosos en el crepúsculo, que desperdiciaban los más
conmovedores instantes de la noche y de la vida.»
Francis Scott
Fitzgerald
El gran Gatsby
El gran Gatsby
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