16 de diciembre de 2022

Lady L.

«¿De verdad era lady L., respetada, mimada y admirada, de la que cinco hombres al menos en el salón de baile estaban secretamente enamorados, o era aún Annette, dispuesta a afrontar todos los peligros y a cometer todas las locuras por arrebatar a la vida un instante más de culpable embriaguez?»
 
Romain Gary
Lady L.

15 de diciembre de 2022

La mano izquierda de la oscuridad

«—Yo le creo a usted —me dijo Estraven, el extranjero, el extraño que estaba a solas conmigo; y yo había estado tan absorto en mis preocupaciones que alcé sorprendido los ojos—. Temo que Argaven también le crea. Pero no confía en usted. En parte porque ya no confía en mí. He cometido errores, me mostré descuidado. Ni siquiera puedo pedirle a usted que me tenga confianza, pues lo he puesto en peligro. Olvidé lo que es un rey, olvidé que el rey se siente karhíder, olvidé el patriotismo, y que el rey es por necesidad el perfecto patriota. Permítame una pregunta, señor Ai: ¿sabe usted, por propia experiencia, lo que es el patriotismo?
—No —dije, sacudido por la fuerza de esa intensa personalidad que ahora se volcaba enteramente sobre mí—. No me parece. Si por patriotismo no entiende usted el amor al sitio natal, pues eso sí lo conozco.
—No, no hablo del amor cuando me refiero al patriotismo, hablo del miedo. El miedo del otro. Y las expresiones de ese miedo son políticas, no poéticas: odio, rivalidad, agresión. Crece en nosotros, ese miedo crece en nosotros año a año. Nuestro camino nos llevó demasiado lejos. Y usted, que procede de un mundo donde las naciones desaparecieron hace siglos, que apenas entiende de qué hablo, que nos ha mostrado el nuevo camino… —Estraven hizo una pausa y luego continuó diciendo, dueño otra vez de sí mismo, tranquilo y cortés—: Es ese miedo lo que ahora me impide apoyarlo a usted en la corte. Pero no miedo por mí, señor Ai. No estoy actuando patrióticamente. Al fin y al cabo, también hay otras naciones en Gueden.»
 
Ursula K. Le Guin
La mano izquierda de la oscuridad

14 de diciembre de 2022

Hacia rutas salvajes


«“Sus padres parecían personas agradables —dice Hathaway—. Con franqueza, mi impresión es que no eran muy distintos de mis padres o de los padres de cualquiera. Lo que ocurría era que a Chris no le gustaba que le dijesen lo que tenía que hacer. Si le hubieran tocado en suerte otros, también habría sido infeliz. Su problema consistía en que no le gustaba la idea misma de tener padres.”
 
La complejidad de la personalidad de McCandless era desconcertante. Por un lado, amaba la privacidad y la soledad; por otro, podía ser sociable y gregario hasta extremos insospechados. Pese a su aguda conciencia social, no era uno de esos individuos silenciosos y adustos que hacen siempre lo correcto y fruncen el entrecejo cuando alguien se divierte. Al contrario, le gustaba ir de copas de vez en cuando y era un comediante incorregible.
 
Quizá la mayor paradoja se daba en relación con sus sentimientos contradictorios acerca del dinero. De jóvenes, Walt y Billie habían conocido la pobreza y, después de mucho luchar por abrirse camino en la vida, no veían nada de malo en disfrutar de lo que tanto les había costado conseguir. “Habíamos trabajado mucho, muchísimo —subraya Billie—. Cuando los niños todavía eran pequeños ahorrábamos todo lo que ganábamos como una inversión para el futuro.” El futuro llegó por fin, y aunque no hicieron ostentación de su discreta fortuna, sí que compraron cosas como ropa de marca, joyas para Billie o un Cadillac. Al final, adquirieron también la casa unifamiliar frente a la había de Chesapeake y el velero. Llevaron a los chicos a Europa, hicieron un crucero por el Caribe e iban a esquiar a la estación de Breckenridge. Billie reconoce que Chris “se sentía turbado con todos esos cambios”.
 
Su hijo, aquel adolescente de convicciones tolstoianas, creía que la riqueza era vergonzosa, corruptora y maligna por naturaleza; lo que no dejaba de ser irónico, porque al parecer Chris era un capitalista nato con un sexto sentido increíble para los negocios. “Chris siempre actuaba como un empresario —dice Billie entre risas—. Siempre.”
 
Cuando tenía ocho años, cultivaba verduras en el jardín trasero de la casa de Annandale y luego las vendía por el vecindario de puerta en puerta. “En el barrio, era aquel niño tan pequeño y gracioso que va por ahí arrastrando un carrito lleno de judías, tomates y pimientos —cuenta Carine—. Nadie podía resistírsele. Chris lo sabía perfectamente. Te miraba con expresión de angelito, como diciendo: “Soy tan mono, ¿por qué no me compra unas judías?” Regresaba a casa con el carrito vacío y un fajo de billetes en la mano.”
 
A los 12 años imprimió unos folletos publicitarios y montó un negocio de fotocopias, Las Fotocopias Rápidas de Chris, con servicio gratuito de recogida y entrega a domicilio. Utilizaba la fotocopiadora de la oficina de Walt y Billie y les pagaba unos centavos por copia. A los clientes les cobraba dos centavos menos que la tienda de la esquina y obtenía unos jugosos beneficios.
 
En 1985, a finales del primer curso de bachillerato, Chris fue contratado por un constructor local para promocionar sus servicios en el vecindario y consiguió multitud de encargos para restaurar fachadas y remodelar cocinas. Su éxito como vendedor fue asombroso. En pocos meses tuvo a media docena de estudiantes trabajando para él e ingresó 7.000 dólares en su cuenta bancaria. Utilizó una parte de ese dinero para comprarse el Datsun B210 amarillo de segunda mano.
 
La habilidad de Chris para vender era tan fuera de lo común que poco antes de graduarse, en la primavera de 1986, el constructor telefoneó a Walt y se ofreció a pagar los estudios universitarios del muchacho si lo persuadía de que se quedara en Annandale y continuase trabajando para la constructora en lugar de dejar el empleo y marcharse a Emory. “Cuando le expliqué a Chris la oferta que me habían hecho, ni siquiera la tomó en consideración —explica Walt—. Habló con su jefe y le dijo que tenía otros planes.”
 
Cuando terminó el instituto Chris anunció que se pasaría el verano recorriendo el país al volante de su nuevo coche. Nadie de la familia se imaginó que aquel viaje sería el primero de una serie de largas aventuras que lo llevarían a atravesar todo el continente. Tampoco nadie de la familia previó que un descubrimiento fortuito durante ese viaje inicial sería en última instancia lo que haría recluirse en sí mismo y alejarse de ellos, arrastrando a un vórtice de ira, incomprensiones y dolor a él mismo y a quienes lo amaban.»
 
Jon Krakauer
Hacia rutas salvajes

13 de diciembre de 2022

Una habitación propia

«Las relaciones entre las mujeres, me dije, evocando rápidamente la espléndida galería de personajes literarios femeninos, son demasiado simples. Es demasiado lo que se deja fuera, lo que no se dice. Y traté de recordar algún caso en el que se presentara a dos mujeres como amigas. Se intenta en Diana of the Crossways. Y hay confidentes, por descontado, en Racine y en las tragedias griegas. De vez en cuando son madres e hijas. Pero todos los libros, casi sin excepción, presentan a la mujer desde el punto de vista de su relación con los hombres. Era extraño pensar que los grandes personajes literarios femeninos, hasta los tiempos de Jane Austen, no sólo se mostraban a través de los ojos de los hombres sino en relación con ellos. Y eso constituye una parte muy pequeña de la vida de la mujer; y qué poco sabe un hombre incluso de esa pequeña parte, puesto que la observa a través de los cristales negros o rosados de la condición sexual. De ahí, tal vez, esa naturaleza tan peculiar de las mujeres en la literatura; los sorprendentes extremos de belleza o fealdad; la alternancia entre una bondad celestial o una depravación diabólica.»
 
Virginia Woolf
Una habitación propia

7 de diciembre de 2022

Príncipes de Maine reyes de Nueva Inglaterra (Las normas de la casa de la sidra)

«Senior también evidenciaba los demás síntomas. Tenía cincuenta y cinco años y aparentaba setenta. Tenía períodos de paranoia, de grandiosidad, de verborrea. Sus pocas características desagradables ―que siempre había tenido― estaban exageradas; la costumbre de hurgarse la nariz, por ejemplo. Era capaz de explorar una sola ventanilla durante una hora; pegaba las bolitas de moco en los muebles o en sus pantalones. Bucky Bean, el vulgar hermano de Olive, afirmaba que Senior habría sido un buen pocero.»
 
John Irving
Príncipes de Maine reyes de Nueva Inglaterra (Las normas de la casa de la sidra)

5 de diciembre de 2022

Libertad

«—La cuestión es —continuó éste— que la tierra sin edificar desaparece a tal ritmo que no tiene sentido esperar a que los gobiernos se ocupen de la conservación. El problema de los gobiernos es que los eligen mayorías a las que les importa un bledo la biodiversidad. Los multimillonarios, en cambio, sí suelen preocuparse por eso. Tienen un interés directo en evitar que el planeta se joda del todo, porque ellos y sus herederos serán los únicos con dinero suficiente para disfrutar del planeta. La razón por la que Vin Haven empezó a aplicar medidas conservacionistas en sus ranchos de Texas es que le gusta cazar las aves más grandes y contemplar las pequeñas. Un interés egoísta, desde luego, pero ahí si tenemos todas las de ganar. A la hora de cerrar el hábitat para salvarlo del desarrollo urbanístico, resulta mucho más fácil convertir a un puñado de multimillonarios que educar al votante estadounidense, que está la mar de contento con su televisión por cable, su Xbox y su banda ancha.»
 
Jonathan Franzen
Libertad

3 de diciembre de 2022

Yo sé por qué canta el pájaro enjaulado

«Si de las guapas se esperaba que hiciesen el supremo sacrificio para “ser aceptadas”, ¿qué podía hacer la que no era atractiva? La que había pasado discretamente por la cíclica, pero inmutable, periferia de la vida debía estar lista para ser una “compinche” de día y tal vez de noche. Solo si las chicas hermosas estaban inaccesibles, se le pedía que fuera generosa.
 
Creo que la mayoría de las chicas feas son virtuosas porque carecen de oportunidades para no serlo. Se protegen con un aura de inaccesibilidad (que, al cabo de un tiempo, se convierte en realidad) en gran medida como táctica defensiva.»
 
Maya Angelou
Yo sé por qué canta el pájaro enjaulado

1 de diciembre de 2022

Trieste

«Las pequeñas ciudades siempre preservan un contingente de personas crónicamente infelices, escribió Roberto Piazza, y la infelicidad general conducía a numerosos suicidios que estaban
inducidos por el clima, en las ciudades pequeñas la gente tiene tendencia a los suicidios, muchos tienen la sensación de falta de aire porque no tienen fuerza para cambiar la situación en la cual se encuentran, eso es lo que afirmaba Thomas Bernhard, escribió en su carta Roberto Piazza. Él, Roberto Piazza, estaba de acuerdo con Carlo Michelstaeder en que la vida humana estaba hecha de remordimientos, de mala conciencia, de melancolía, de aburrimiento, de miedo, de rabia y de sufrimiento y que todas las acciones del hombre mostraban que el hombre, de hecho, era un ser pasivo que toda la vida no hace otra cosa que rehacer; revisitar, completar su propia biografía y también las biografías de los que viven a su alrededor, escribió Roberto Piazza, de manera que ella, su exprofesora, no era culpable de no haber sabido nada sobre los asesinatos en el campo de concentración de San Sabba y en cambio se dedicara, ella, Haya Tedeschi, solo ir al cine y a sus citas amorosas.»
 
Daša Drndić
Trieste

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