9 de diciembre de 2018

El hotel de los horrores


 «El día de la boda, Agnes Lockwood se sentó sola, en la salita de su casa de Londres, para quemar las cartas que Montbarry le escribió tiempo atrás.

En la descripción que la condesa había hecho de ella al doctor, ni siquiera había aludido al atractivo que más distinguía a Agnes: la inocente expresión de bondad y pureza que atraía desde luego a los que se acercaban a ella. De piel blanca y ademanes tímidos, parecía natural hablar de ella como de “una niña”, si bien ya se aproximaba a los treinta años de edad. Vivía sola, con una antigua niñera que la quería profundamente, de una modesta renta, suficiente para mantenerse las dos. En su cara no se notaba la menor señal de disgusto mientras rompía lentamente las cartas de su falso enamorado y tiraba los trozos al fuego que se había encendido para consumirlos. Por desgracia para ella, era una de esas mujeres que sienten demasiado profundamente para encontrar consuelo en las lágrimas.»

Wilkie Collins
El hotel de los horrores

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