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12 de abril de 2016

La mujer justa

«Hace falta mucho valor para dejarse amar sin reservas. Un valor que es casi heroísmo. La mayoría de la gente no puede dar ni recibir amor porque es cobarde y orgullosa, porque tiene miedo al fracaso. Le da vergüenza entregarse a otra persona y más aún rendirse a ella porque teme que descubra su secreto… el más triste secreto de cada ser humano: que necesita mucha ternura, que no puede vivir sin amor. Creo que ésa es la verdad. O al menos eso he creído durante mucho tiempo, aunque ya no lo afirmo tan categóricamente porque estoy envejeciendo y me siento fracasado. ¿Qué en qué he fracasado? Te lo estoy diciendo, en eso, precisamente en eso. No fui lo bastante valiente para la mujer que me amaba, no supe aceptar su cariño, me daba vergüenza, incluso la despreciaba un poco por ser diferente de mí, una burguesita de gustos y ritmos vitales distintos de los míos; y además temía por mí, por mi orgullo, temía entregarme al noble y complejo chantaje con el que se me exigía el don del amor. En aquellos tiempos no sabía lo que sé hoy… que no hay nada de lo que avergonzarse en la vida excepto de la cobardía, que hace que uno no sea capaz de dar sentimientos o no se atreva a aceptarlos.»

Sándor Márai
La mujer justa

15 de marzo de 2015

La mujer justa

«Era fiel hasta con los objetos. Quería guardarlo, conservarlo todo. Ése era su lado burgués, el rostro noble de la burguesía. Quería conservar no sólo los objetos sino todo lo que fuese bello, amable, valioso, sensato… Ya sabes… Quería conservar las costumbres, los modos de vida, los muebles, los valores cristianos, los puentes, el mundo tal como lo habían construido las personas con infinito esfuerzo y dedicación, con su ingenio y su sufrimiento, con sus mentes brillantes y sus manos callosas. Para él todo tenía el mismo valor, amaba el mundo y quería protegerlo de algo. A todo esto los hombres lo llaman cultura.»

Sándor Márai
La mujer justa

20 de febrero de 2014

La mujer justa






«Echa un vistazo al mundo, verás esa atracción artificial que lo impregna todo: la literatura y los cuadros, los escenarios y las calles… Entra en un teatro y verás: en el patio de butacas hay hombres y mujeres sentados; en el escenario, otros hombres y otras mujeres gesticulan, hablan, intercambian juramentos, y el público tose, carraspea y susurra… pero en el momento en que se oyen frases como “te amo” o “te deseo”, o cualquiera parecida que se refiera al amor, la posesión o la separación, la felicidad o la infelicidad, se cierne sobre la platea un silencio sepulcral y cientos de personas contienen el aliento. Y con esos medios, manipulando hábilmente los sentimientos, los escritores consiguen mantener al público pegado a sus butacas.»

Sándor Márai
La mujer justa

7 de noviembre de 2012

La mujer justa



«¿Cómo voy a respetar a alguien, cómo voy a entregarle mis sentimientos y mis pensamientos a una persona que desde que se levanta hasta que se acuesta no hace más que cambiarse de ropa y emperifollarse para resultar más atractiva? Ella dice que con sus plumas, sus pieles y sus fragancias no pretende gustar a nadie más que a mí… pero no es cierto. Quiere gustar a todos, quiere que su presencia suscite una intensa y persistente excitación en el sistema nervioso de todos los individuos del sexo masculino.»


Sándor Márai
La mujer justa

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