“Estuvimos siempre tristes bajo
aquel aire dulce que alegra el Sol, llevando en nuestro interior una tétrica
humareda; ahora nos entristecemos también en medio de este cieno.”
“¡Oh fantasía, que de tal modo nos
arrebatas a veces fuera de nosotros mismos, que nada siente el hombre aunque
suenen mil trompetas en torno suyo! ¿Quién te anima cuando no recibes impresión
alguna de los sentimientos?”
“A la mitad del viaje de nuestra vida me encontré en una selva oscura, por haberme apartado del camino recto. ¡Ah! ¡Cuán penoso me sería decir lo salvaje, áspera y espesa que era esta selva, cuyo recuerdo renueva mi temor; temor tan triste, que la muerte no lo es tanto!”.
“Por mí se va a la ciudad del llanto; por mí se va al eterno dolor; por mí se va hacia la raza condenada: la justicia animó a mí sublime arquitecto; me hizo la divina potestad, la suprema sabiduría y el primer amor. Antes que yo no hubo nada creado, a excepción de lo inmortal, y yo duro eternamente. ¡Oh vosotros los que entráis, abandonad toda esperanza!”
“(…) y como quien sueña en su desgracia, que aun soñando desea soñar, y anhela ardientemente que sea sueño lo que ya lo es, así estaba yo, sin poder proferir una palabra, por más que quisiera excusarme; y a pesar de que con el silencio me excusaba, no creía hacerlo así.”
Dante Alighieri La divina comedia
Imagen: ilustración de Miquel Barceló para La divina comedia.