31 de julio de 2026

Iluminada

«A pesar de todo, cuando mi madre murió, ya había vaciado hasta la última gota de esa ira antigua, como el veneno de una mordedura de serpiente. Fallo multiorgánico, nos dijeron los jóvenes médicos. La edad, dijeron los más viejos.
 
Estoy hasta el coño de todo, dijo mi madre un día. Creo que se le metió entre ceja y ceja morirse deprisa. Y que, con intención de entonar un último grito de indignación contra los cinco años que tardó papá en morir, ella lo hizo en cinco días.
 
Me sabe muy mal que nos dejes, le dije. Ya me había acostumbrado a ti.
 
Ni que lo hiciera aposta, replicó con vigor.
 
¿Qué edad tenía? Había mentido tanto que nadie lo sabía a ciencia cierta; ochenta y tantos, calculamos.
 
Su marido está fuera, señora Karr, anunció la enfermera un día que vino a verla uno de sus pretendientes, sombrero en mano.
 
Pues estará hecho un cromo, porque lleva veinte años muerto.
 
Si mi padre vivió sus últimos años en una bruma, los ojos de avellana de mi madre (cuando estaban abiertos en esos últimos días) te miraban con el carácter penetrante de un par de picahielos.
 
¿Quién es el presidente?, preguntó el médico, para determinar si estaba lo bastante lúcida para rechazar un soporte vital.
 
Bill Clinton, respondió.
 
¿Y antes de Bill Clinton?
 
El gilipollas de George Bush; y antes, el gilipollas de Ronald Reagan.
 
En una ocasión abrió los ojos y nos sorprendió a Lecia empolvándose la nariz y a mí aplicándome otra capa de rímel. ¿Adónde vais tan arregladas?, quiso saber.
 
Va a pasar a verte el cardiólogo guapo, le dije.
 
Ay, madre, exclamó, frunciendo mucho los morros. ¡Pintadme los labios!
 
Hace diez años que murió y todavía algunas mañanas siento el impulso de coger el teléfono y llamarla. Mi madre no ha podido desaparecer, ella es como la gravedad o la luna.»
 
Mary Karr
Iluminada

No hay comentarios:

Vistas de página en total

Con la tecnología de Blogger.
emerge © , All Rights Reserved. BLOG DESIGN BY Sadaf F K.